San Varanio - Faeria 1
Mesa: Faeria
San Varanio
En San Varanio comienza mi viaje con quienes luego se harían llamar los Errantes de la niebla, un grupo de mercenarios con diferentes intereses y habilidades para cumplir una misión para la Sociedad del Libro. El grupo, compuesto inicialmente por Magnus, Turi, Valentine, Dyrroth y yo. Tomamos una misión de nuestro contacto, Samir Aldau, y no parece tener mayores retos, pues consiste en llegar los montes de Simaná, un lugar sagrado para los Wakari y uno de los lugares en donde se encuentran restos antropológicos de la primera civilización conocida en el continente: Los Gigantes de Piedra (una sociedad monolítica adorada por algunas tribus como sus “ancestros” o predecesores). Y una vez allí detener una inmersión Nibelunga que, con ayuda de los fríos pretendía profanar el lugar.
Por diferentes motivos, aceptamos trabajar juntos, uniéndonos en un día de compras, cada uno buscando materiales diferentes. Para mi, la motivación es una conversación que tuve con Samir, donde él me contó que existía una profecía que involucra a todos los drow; que mi presencia podía cambiar el curso de la historia y con ese peso sobre los hombros y tomando la mano de Magnus y me uní al día de compras.
Nos dedicamos a recorrer la vibrante y variada ciudad de Punta Oeste, buscando armaduras, componentes mágicos y para mi, la prioridad, es conseguir cupcakes para acompañar el camino con algo dulce. Y así al anochecer, nos embarcamos con una tropa de circo en un barco del capitán del Pelafustán, Tenorio Patarrana, algún amigo de la Sociedad y comienzan los 3 días de camino hacia Rocamar. La primera parada en el viaje.
Pasamos el primer día de viaje, compartiendo entre nosotros, un grupo de desconocidos que ahora debíamos confiar los unos en los otros. Pasamos el tiempo conociéndonos más y haciendo lo poco que se puede hacer un barco hasta la segunda noche. En medio de su sueño, un golpe la despertó y corriendo a cubierta se encontró con un grupo de personas en águilas que lanzaban bombas al barco. Pronto, toda la party se unió al combate, terminando con el grupo de enanos nibelungos. Dejando uno para interrogar.
Este, luego de un par de intentos de suicidio y siendo interrogado por Dyrroth, Turi y Valentine (con técnicas barbáricas), confesó haber recibido las órdenes de hundirnos y haber volado desde una nave voladora a unas 6 millas de allí, en un islote que se daba por inhabitado. Al parecer sabían de nosotros lo cual no era una buena señal para el inicio de una misión.
Así, al atardecer del tercer día llegamos a Rocamar, sin saber lo que nos esperaba.
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